Cada semana me encuentro despachos que no saben quién es el titular real de su propio dominio. Lo registró hace años una agencia, un familiar con conocimientos de informática o el chico que les montó la web, y ahora ni siquiera tienen acceso a la cuenta. Cuando quieren cambiar de proveedor de hosting o simplemente renovar el pago, dependen de que esa persona conteste el teléfono.
Esto pasa porque casi nadie explica bien qué es un dominio antes de venderlo. Yo, José Manuel, lo trato constantemente con despachos que llegan a AbogaSEM después de perder tiempo o dinero por no haber entendido esta parte desde el principio, así que voy a explicarlo desde cero y sin dar nada por sabido.
Qué es exactamente un dominio
Un dominio es la dirección con la que la gente encuentra tu despacho en internet, algo como tudespacho.com. No es lo mismo que el hosting, que es el servidor donde vive físicamente tu web, ni que la propia web, que es el contenido que se muestra cuando alguien visita ese dominio. Puedes tener el mejor diseño de web del mundo, pero si el dominio no es tuyo, no controlas ni tu propia dirección en internet.
Registrar un dominio no es "comprarlo" en el sentido estricto: es un alquiler renovable, normalmente año a año, a través de una entidad llamada registrador. Mientras pagues la renovación, el dominio sigue siendo tuyo. Si dejas de pagarla, en algún momento queda libre y cualquiera puede registrarlo, incluida la competencia.
Qué extensión elegir para el despacho
Aquí no hay una única respuesta correcta, depende de qué transmita mejor tu despacho:
- .com: la extensión más reconocida internacionalmente, buena opción si atiendes o quieres atraer clientes fuera de España.
- .es: comunica de forma inmediata que el despacho opera en España, algo que muchos clientes valoran al buscar un abogado local.
- .abogado: una extensión específica para el sector jurídico, pensada para que el propio nombre de la web ya diga a qué te dedicas.
El precio también varía bastante entre extensiones. Un .com o un .es ronda los 10-20 euros al año en la mayoría de registradores, mientras que un .abogado suele costar bastante más, entre 40 y 50 euros al año. Si tienes dudas, mi recomendación habitual es registrar el .com y el .es del mismo nombre, aunque solo uses uno de forma activa: evita que otro despacho o un tercero de mala fe se quede con la variante que no usas.
Cómo registrar el dominio, paso a paso
- Elige el nombre: idealmente el nombre del despacho tal cual aparece en tu papel oficial, sin abreviaturas raras ni guiones que la gente tenga que adivinar.
- Comprueba que está libre con un buscador de dominios de cualquier registrador, o con ICANN Lookup si quieres consultar también quién es el titular actual de un dominio ya registrado.
- Elige un registrador de confianza. No hace falta que sea el mismo que te da el hosting o el diseño de la web, y de hecho separar ambos servicios te da más margen si algún día quieres cambiar de proveedor.
- Rellena los datos del titular con el CIF o NIF del despacho o de quien deba figurar legalmente como propietario, nunca con los datos de la agencia o del webmaster.
- Activa la protección de privacidad WHOIS si el registrador la ofrece, para que tu dirección y teléfono no queden expuestos en la base de datos pública del dominio.
- Guarda tú mismo las credenciales de acceso a la cuenta del registrador, no solo las de quien te lleve la web.
Quién debe figurar como titular
Este es el punto que más problemas da a largo plazo. Si el dominio queda a nombre de la agencia que os montó la web, ese despacho no es dueño de su propia dirección en internet, por mucho que la web sí sea suya. Si algún día cambiáis de proveedor, o esa agencia cierra, recuperar el dominio puede llevar semanas de trámites, o directamente no ser posible.
La regla es sencilla: el titular del dominio siempre tiene que ser el despacho, con su CIF o el NIF del abogado titular, nunca un tercero, por muy buena relación que tengáis con esa persona o empresa en este momento.
En AbogaSEM revisamos la titularidad del dominio antes de tocar nada más en la web de un despacho, precisamente porque es la base sobre la que se construye todo lo demás: hosting, posicionamiento y campañas de publicidad. Si detectamos que el dominio está a nombre de un tercero, lo primero que hacemos es ayudar a recuperar esa titularidad antes de seguir con cualquier otra mejora.
